miércoles, 18 de junio de 2008

Noche de insomnio - Relato breve

A las tres de la mañana entretengo el insomnio con un programa de radio. (Al insomino hay que distraerlo para que no se te coman los fantasmas que lo pueblan)
Llaman a la emisora media docena de trabajadores treintañeros que opinan sobre el tercer y último modelo de la “playstation”. Ninguno de ellos, salvo el último -que ha comprado ya los dos modelos anteriores y en breve adquerirá la novedad- tiene la menor intención de invertir seiscientos euros en el asunto.
No les merece la pena: pueden esperar a que el producto baje de precio o, en su mayoría, prefieren destinar esa cantidad a otros productos lúdico-informáticos que les ofrece el mercado. Hay uno, por ejemplo, aficionado a los programas que simulan vuelos aéreos en aviones de combate y sus correspondienets batallas.
Lo asombroso, lo que me deja atónito, es la cultura que despliegan los oyentes sobre el mundo de los videojuegos: los precios comparativos, las características técnicas de los modelos, de las marcas, de los rendimientos…
Y cómo todos ellos, o la mayor parte, son autodidactas. Esta circunstancia tira por tierra la creencia de que la cultura (ahora sin cursiva) sea algo restringido a una élite. Es un mito que sólo una minoría tiene acceso a la cultura y que ésta sea algo heredado en el escalafón social.
Los expertos radiofónicos informan sobre los precios de los juegos y de los programas. Nada que ver con los precios de los libros, por ejemplo. No digamos respecto a las ediciones baratas…
Hoy hasta el más ignorante sabe perfectamente lo que quiere en lo que a los bienes de consumo se refiere. La información al respecto le llega con nitidez y, en caso contrario, los interesados la buscan con ahinco y devoción.
Pero en cuanto nos salimos del consumo, en cuánto irrumpimos en la vida social o intelectual, reinan el desdén y la indiferencia.
PD. Una de las calles principales de la localidad ha estado días atrás colapsada por el intenso tráfico que ha generado la asistencia a una feria de coches y motos antiguos. Centenares, miles de personas se han acercado con sus vehículos para asistir a este evento relacionado con los coches.
No había imaginado, en mi ingenuidad, semejante pasión por este asunto. Sin embargo, salta a la vista. Así que todo el mundo quiere correr por las carreteras, pese a la sangría de vidas humanas que ello supone. Así que todo el mundo sueña con tener un coche hiperpotente y superferolítico.
Por supuesto, nadie piensa que él pueda ser el agraciado del próximo accidente. Eso siempre le pasa a otro. La creencia en la inmortalidad está mucho más extendida de lo que parece.


JUAN LUIS

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