lunes, 23 de febrero de 2009
Un pequeño cuento sobre el Amor y la Locura - Anónimo
Cuando EL ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, LA LOCURA, como siempre tan loca, les propuso: ¿Jugamos al escondite?
LA INTRIGA levantó la ceja intrigada, y LA CURIOSIDAD, sin poder contenerse preguntó: ¿al escondite? ¿Y cómo es eso?
Es un juego - explicó LA LOCURA- , en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden, y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.
EL ENTUSIASMO bailó secundado por LA EUFORIA.
LA ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a LA DUDA, e incluso a la APATÍA, a la que nunca interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar, LA VERDAD prefirió no esconderse ¿para qué? Si al final siempre la hallaban, la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y LA COBARDIA prefirió no arriesgarse...
Uno, dos, tres... comenzó a contar LA LOCURA.
La primera en esconderse fue LA PEREZA, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino.
La FE subió al cielo y LA ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
LA GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos ...que si un lago cristalino , ideal para LA BELLEZA, que si la rendija de un árbol, perfecto para LA TIMIDEZ, que si el vuelo de una ráfaga de viento, magnífico para LA LIBERTAD. Así terminó por ocultarse en un rayito de Sol.
EL EGOISMO en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... pero sólo para él.
LA MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arcoiris) y LA PASIÓN Y EL DESEO en el centro de los volcanes.
EL OLVIDO... se me olvidó donde se escondió...pero eso no es lo importante.
Cuando LA LOCURA contaba 999.999, EL AMOR aún no se había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado...hasta que encontró un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.
Un millón, - contó LA LOCURA- y comenzó a buscar.
La primera en aparecer fue LA PEREZA sólo a tres pasos de una piedra.
Después se escuchó a LA FE discutiendo con DIOS en el cielo sobre teología y a LA PASIÓN y EL DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes.
En un descuido encontró a LA ENVIDIA y claro, pudo deducir donde estaba EL TRIUNFO.
AL EGOISMO no tuvo ni que buscarlo, el sólo salió de su escondite, había resultado ser un nido de avispas.
De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió LA BELLEZA y con la DUDA resultó más fácil todavía pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de que lado esconderse.
Así fue encontrando a todos, EL TALENTO entre la hierba fresca, a LA ANGUSTIA en una oscura cueva, a LA MENTIRA detrás del arcoiris (mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta EL OLVIDO...que ya se le había olvidado que estaban jugando al escondite, pero sólo EL AMOR no aparecía por ningún sitio, LA LOCURA buscó detrás de cada árbol, cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las rosas... y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas había herido en los ojos AL AMOR; LA LOCURA no sabía que hacer para disculparse, lloró, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.
Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra...
EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA.
Anónimo
domingo, 15 de febrero de 2009
La vida es sueño
Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos;
y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
de estas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Calderón de la Barca
domingo, 18 de enero de 2009
Rimas - Gustavo Adolfo Bécquer
en derredor palpitan y se inflaman,
el cielo se deshace en rayos de oro,
la tierra se estremece alborozada,
oigo flotando en olas de armonías
rumor de besos y batir de alas,
mis párpados se cierran... ¿Qué sucede?
—¡Es el amor que pasa!
...........................................
Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso... ¡yo no sé
qué te diera por un beso!
martes, 11 de noviembre de 2008
viernes, 24 de octubre de 2008
Ciudad Sin Sueño - Federico García Lorca
Recientemente, gracias a la Ley de la Memoria Histórica y un valiente Baltasar Garzón, se está intentando resperar las heridas del pasado, con acciones más o menos acertadas, pero siempre es de aplaudir la lucha de unos pocos por restablecer el honor de los grandes olvidado de la historia de nuestra nación, todas las aquellas personas que lucharon por un sueño que unos insurgentes decidieron romper.
CIUDAD SIN SUEÑO
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
viernes, 3 de octubre de 2008
AGUA DE FLOR - Poema
Agua de flor que vase resbalando
con el sigilo de una lágrima alba;
agua de flor en pétalo de malva,
flor en botón apenas germinando.
Agua de flor, estrella sollozando
en el candor del éter infinito;
flor de cristal, estrépito inaudito
de un corazón que estalla agonizando.
Inmóvil va la luz y sin premura
un haz de sombras fatuas la rodean,
la acosan, la persiguen, la desean;
pero el imperio de la luz perdura.
Una mirada vaga y de reojo,
como capa inconsútil de la noche,
presencia desolada de un antojo
inmerso en lo imposible del reproche.
Agua de flor visible que serpea
por las laderas de la audaz montaña,
unánime desdicha que se ensaña
y cual gaviota apenas aletea.
Nube gualda en rubor que palidece
tras el espeso surtidor del viento;
presagio diminuto de un aliento
que al cuepo entero en vértigo estremece.
Ola del mar al filo de la costa
que en su reflujo mágico renace;
dolor que en el martirio se complace
sobre la red de engaño en que se aposta.
Oprobio oscuro y gris; pero encendido
atalayando quejas que se ahogan,
gemidos infiltrados que desfogan
en dardos crepitantes su sonido.
Ineficaz efigie destrozada
a la mitad de mi contorno ardiente,
sangre que huye de mí por la vertiente
de una ilusión ilusa y desgastada.
Agua de flor, de yedras inconstantes,
muralla fragmentada de la luna,
menhir atribulado, mansa duna,
rimero de luceros y diamantes.
Espacios agotados de presencias,
vacuos valles y densas avenidas;
augurios del dolor en las heridas
del llanto sincopado de excrecencias.
Agua de flor, de nubes, transparencias,
transparencias incógnitas de fuego,
respuestas inaudibles ante el ruego,
agua de flor quemando las conciencias.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC
lunes, 22 de septiembre de 2008
Carta de Fuera - Microrelato
Nada.Ni luces al fondo, ni recordar mi primer beso o la primera vez que hice el amor, ni siquiera vi su cara cerca de mi. Desde luego que era una sensación al menos peculiar, sabía que algo pasaba, mi intuición casi nunca me falló a lo largo de estos años y hubiera sido un feo detalle que lo hubiese hecho justo en ese momento así que por un instante casi tomé conciencia de lo que ocurría.
Lo peor de todo fue el pinchazo. Al principio lo sentí en el pecho, a la altura del corazón pero luego, por raro que parezca, fue como si me pincharan en todo el cuerpo a la vez. Después de eso, otra vez nada, ¡coño! tanto tiempo esperando esto para que al final no sea nada.Después de aquel pinchazo no hubo más dolor, sólo solo exhalar profundamente, un lejano pitido en mi oído izquierdo y una absoluta calma…
Ya está, se acabó, ya está hecho.
Estoy muerto.
miércoles, 18 de junio de 2008
Noche de insomnio - Relato breve

JUAN LUIS
jueves, 12 de junio de 2008
CUENTA ATRÁS - Poema
Tres, fueron los motivos para perderte.
Dos, las razones para olvidarte.
Una, la necesidad de dejarte,
sin embargo, por mas que lo pienso
no dejo de extrañarte.
Tu, que me has visto caer
y volver a levantarme.
Tu, que creaste mi ser
y nunca podre pagarte.
Tu, que me viste crecer
y yo siempre intente agradarte.
Ahora, que lo que nos separaba se acaba
y es tiempo de recordarte
que ni la distancia, ni el olvido
ni lo mas triste de lo ocurrido
han hecho que pueda perdonarte.
Por ello nunca te perdonaré
que de ti, no pueda separarme.
Eres la tierra que me vió nacer,
te quiero, y no se como no amarte.
A VALENCIA
MANUEL HUESA PÉREZ
lunes, 9 de junio de 2008
La Lluvia - Borges
La lluvia
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.
Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto
Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.
miércoles, 21 de mayo de 2008
Microrelato
En la cocina la cafetera ha empezado a dar señas de haber acabado.
Suena el teléfono.
- ¿Andrés?
Siempre he odiado a mi cuñado Luis. Su voz de pito. Ese tono de cura en la voz. Su absurdo uso del lenguaje.
- Es tu padre. Una parada cardiaca. Qué le vamos a hacer. Ni se ha enterado. Descanse en paz.
Será imbécil. Pero qué se creerá. ¿Que está dando las noticias de la tele?
- Quería ser yo quien te lo dijera. Ya sabes lo mucho que te aprecio.
Cuelgo sin decir nada. El olor a café ha llenado toda la casa. Voy a la cocina y estampo la cafetera contra la pared. De todas formas el médico me lo tiene prohibido.
ABEL MURCIA
sábado, 17 de mayo de 2008
Le livre, pour vieillir - Yves Bonnefoy (Poesia Francesa)
Yves Bonnefoy
Étoiles transhurnantes; et le berger
Voûté sur le bonheur terrestre; et tant de paix
Comme ce cri d'insecte, irrégulier,
Qu'un dieu pauvre façonne. Le silence
Est monté de ton livre vers ton coeur.
Un vent bouge sans bruit dans les bruits du monde.
Le temps sourit au loin, de cesser d'être.
Simples dans le verger sont les fruits mûrs.
Tu vieilliras
Et, te décolorant dans la couleur des arbres,
Faisant ombre plus lente sur le mur,
Etant, et d'âme en fin, la terre menacée,
Tu reprendras le livre à la page laissée,
Tu diras, C'étaient done les derniers mots obscures.
El libro, para envejecer
Estrellas trashumantes; y el pastor que se inclina
Sobre la dicha de la tierra; y tanta paz
Como ese grito irregular de insecto
Que un dios pobre modela. De tu libro
Subió el silencio hasta tu corazón.
Corre un viento sin ruido en los ruidos del mundo.
Lejos sonríe el tiempo, por dejar de existir.
Sencillos en el huerto son los frutos maduros.
Envejecerás
Y, al perder tu color en los árboles,
Al formar una sombra más lenta sobre el muro,
Al ser amenazada la tierra, al fin, de alma,
Retomarás el libro donde lo abandonaste,
Y dirás: Eran ésas las últimas palabras oscuras.
sábado, 19 de abril de 2008
Lágrimas contra el olvido - Relato corto
Domingo, 12 pm, Raúl estaba sentado en su cama, era el día de su cumpleaños, pero lo que el no sabia es que ese iba a ser un cumpleaños muy especial. Raúl estaba enfermo y sabía que le quedaba poco tiempo de vida. Llevaba ya semanas en el hospital, alejado del mundo, alejado de la realidad. Lo que más le costaba cada mañana cuando despertaba era saber que no iba a poder ver a sus nietos tanto como el quería, que le iban a faltar esas sonrisa que cada día le dedicaban nada mas verle. Tenía muchas otras pasiones, era un gran aficionado al Valencia C.F., pero desde hacia tiempo no había podido ver ningún partido.
Sus tres hijos y su mujer acudieron al hospital para pasar con él, el día de su setenta cumpleaños y darle el regalo que le habían comprado. Aunque entraron con una sonrisa en la habitación, antes habían estado desahogándose porque no querían que los viera mal. Nada mas entrar lo primero que hicieron fue ir a darle un beso a su padre.
- Bueno días papa ¿Cómo te encuentras hoy? – Le pregunto su hija Cris.
- Bien hija bien, animado
- Raúl ¿que te han traído hoy para desayunar? ¿Te lo has comido todo, no? Dime la verdad que le voy a preguntar a la enfermera. – Maria, su mujer, siempre había sido muy protectora con todo el mundo que estaba a su alrededor, llegando a veces a pasarse.
- Bueno papa, Feliz cumpleaños de parte de lo tres, esperemos que te guste.
- Gracias hijos no os teníais que haber molestado.
Cuando Raúl abrió el regalo y lo vió, enmudeció como un niño recién nacido y las lagrimas saltaron de sus ojos, no se lo podría creer. Le habían comprado un vídeo para que se pudiera grabar los partidos de su equipo, e incluso ya le habían grabado alguna cinta para que la pudiese ver en el hospital.
Pero en realidad esas lágrimas no eran por ese regalo que le había gustado tanto, sino porque se dio cuenta que su vida se apagaba, que iban a dejar de ver a las personas que mas quería en el mundo y que eran el motivo por el que se levantaba cada mañana. Se había dado cuenta que jamás volvería a ver la sonrisa de uno de sus nietos, ni a recibir un beso de ninguno de ellos y sobretodo se dio cuenta que jamás iba a poder volver a sentir el abrazo de su mujer.
Cada lágrima que broto ese día de sus ojos era un recuerdo perdido, era un suspiro que se llevaba parte de su aliento, en definitiva era un llanto a la melancolía. Aunque resulte utópico, en ese instante del final de su vida, se sintió mas cerca de su familia que nunca, estaba orgulloso de ellos y sentía que lo había hecho bien. Sabía que todo lo que había estado cultivando durante sus setenta años de vida se estaba apangango y no podía para de pensar cuanto los iba a echar de menos. Por eso, su último pensamiento en vida fueron ellos, y por eso siempre los lleva en su recuerdo, esté donde esté.
MANUEL HUESA PÉREZ
El Reo de Muerte - Jose de Espronceda
¡Para hacer bien por el alma
del que van a ajusticiar!
I
Reclinado sobre el suelo
con lenta amarga agonía,
pensando en el triste día
que pronto amanecerá,
en silencio gime el reo
y el fatal momento espera
en que el sol por vez postrera
en su frente lucirá.
Un altar y un crucifijo,
y la enlutada capilla
lánguida vela amarilla
tiñe en su luz funeral,
y junto al mísero reo,
medio encubierto el semblante,
se oye al fraile agonizante
en son confuso rezar.
El rostro levanta el triste
y alza los ojos al cielo;
tal vez eleva en su duelo
la súplica de piedad:
¡Una lágrima! ¿es acaso
de temor o de amargura?
¡Ay! a aumentar su tristura
¡Vino un recuerdo quizá!
Es un joven y la vida
llena de sueños de oro,
pasó ya, cuando aún el lloro
de la niñez no enjugó:
El recuerdo es de la infancia,
¡Y su madre que le llora,
para morir así ahora
con tanto amor le crió!
Y a par que sin esperanza
ve ya la muerte en acecho,
su corazón en su pecho
siente con fuerza latir,
al tiempo que mira al fraile
que en paz ya duerme a su lado,
y que ya viejo y postrado
le habrá de sobrevivir.
¿Mas qué rumor a deshora
rompe el silencio? resuena
una alegre cantinela
y una guitarra a la par,
y gritos y de botellas
que se chocan, el sonido,
y el amoroso estallido
de los besos y el danzar.
Y también pronto en son triste
lúgubre voz sonará:
¡Para hacer bien por el alma
del que van a ajusticiar!
Y la voz de los borrachos,
y sus brindis, sus quimeras,
y el cantar de las rameras,
y el desorden bacanal
en la lúgubre capilla
penetran, y carcajadas,
cual de lejos arrojadas
de la mansión infernal.
Y también pronto en son triste
lúgubre voz sonará:
¡Para hacer bien por el alma
del que van a ajusticiar!
¡Maldición! al eco infausto
el sentenciado maldijo
la madre que como a hijo
a sus pechos le crió;
y maldijo el mundo todo,
maldijo su suerte impía,
maldijo el aciago día
y la hora en que nació.
jueves, 14 de febrero de 2008
El relato de San Valentín - POR AMOR
La amo… sí… siempre la he amado, aunque mucho tiempo en silencio… tal vez demasiado.
Y sé que ella también me amaba… siempre me ha amado, pese a encarcelar sus sentimientos en lo más profundo de su ser, durante mucho tiempo, por miedo a reconocer los sentimientos que hacia mí albergaba su corazón, por miedo a ser también objeto de burlas… tal vez demasiado tiempo.
Ella siempre fue el centro de todas las miradas, de figura esbelta, cuyo pelo le recorría la espalda como sangrientas cataratas perpetuas y etéreas buscando el abismo; cuyo hermoso rostro, de finas y delicadas facciones, hacía que todos la mirasen anonadados, evitando así que vieran más allá de su físico… su alma, sus sentimientos…; cuyos grandes ojos, profundos como pozos sin fondo… hipnotizadores, cautivaban a cualquiera que los mirase… condenados a sufrir su total indiferencia…
Tenía 12 años cuando me enamoré de ella hasta la médula… y sin embargo, ha sido el año más duro de mi vida: La timidez y la vergüenza inundaban mi personalidad, la cual mis compañeros ponían a prueba de forma constante; bromas, risas cargadas de malicia, motes e insultos de todo tipo, siendo objeto de amenazas y palizas por diversión… siempre supieron que no me defendería, que era demasiado orgulloso como para pedir ayuda a nadie, que en el fondo preferiría sentir mi dolor, sumido en la más honda soledad, sin hacer nada... o simplemente, sabían que me asustaba la idea de que las cosas pudiesen empeorar. Pero a pesar de todo, me llenó de inmensa satisfacción el hecho de haber salido adelante, cambié de forma radical cuando me di cuenta verdaderamente de la gravedad de mi situación…
Hoy tengo los números de teléfono de todos los que antes me dieron la espalda… ahora incluso se atreven a llamarme “amigo” (menuda panda de hipócritas)… pero su osadía les costará cara… un precio que pagarán con creces… y que yo, gustoso, estaré dispuesto a cobrarles, muy a su pesar.
Tres días atrás, se cumplían cinco años desde que sus ojos, azules como zafiros, hipnotizadores y fascinante, llenos de misterio… se adentraran en mi pecho y me arrancaran el corazón… de cuajo, sin compasión… pero ha habido muchos cambios desde entonces…
Dos días atrás, se cumplía 1 año desde que me rechazó… aquel doloroso momento, como si me acabaran de apuñalar por la espalda, en el que sus facciones perfectas comenzaron a distorsionarse en mi mente, poco a poco, volviéndose cada vez más borrosas, mientras mi cuerpo caía pesadamente sobre el portal de su casa… perdiendo finalmente la consciencia. Puede que esto le hiciera pensar, pues me llamó al día siguiente de salir del hospital, no lo sé con exactitud… ella ahora está conmigo, y es lo único que me importa… se ha dado cuenta de que soy lo que quiere y lo que necesita… siempre lo ha sabido, pero ha tardado mucho tiempo en comprenderlo, y en encontrar el valor suficiente para afrontarlo.
Todavía recuerdo el día de su primer beso… nuestro primer beso… 18 de Octubre de 2006… dulce como la más exquisita miel, bajo un infinito manto de estrellas blancas… que alumbraban y guiaban nuestro destino como un faro a un barco en medio de la espesa niebla… observados por una luna llena y esperanzadora en una playa desierta, oscura y fría, plagada de recuerdos…
Hoy… 18 de Octubre de 2007… vuelvo a su casa y charlamos hasta tarde… todo transcurre como siempre, como todas las noches… solo que he hecho algo distinto…
Seis amigos… seis personas… seis hipócritas han sido asesinados, pasados a cuchillo, si que nadie se diese cuenta… estaban solos y aburridos en sus casas, y yo les ofrecí compañía. Esta tarde todos han pagado su deuda; uno detrás de otro… ignorando su muerte temprana, me ha acogido en sus casa… ingenuos… ahora su sangre mancha suelos y ventanas… como parte de un cuadro… escenas macabras de un pintor enloquecido… aunque puede que no esté loco… ellos debían pagar, aunque no serán los únicos… he pensado seriamente en quitarme de en medio… las dudas me han llevado a la desesperación y a los pensamientos pesimistas, pero sé lo que debía hacer.
Ahora soy más consciente de que he hecho lo correcto… ella se habría ido con otros con el paso del tiempo y me habría dejado o engañado… y yo sé que ella solo me quiere a mí… no podía permitirle cometer el peor error de su vida… lo hice por ella…
Antes de marcharme… como todas las noches… le pregunté:
-¿Carmen, me amas?
Y ella respondió… como siempre:
-Mi amor por ti va más allá de la muerte… no te preoc… - ahogó un grito agónico.
-Por favor… sé fuerte y espérame… -añadí antes de que pudiera acabar la frase, después de darle el que sería su último beso… y antes de marcharme corriendo calle abajo, dejando atrás una nota.
Su último beso… frío… certero… mortal, que bebió de su corazón sin ser capaz de saciarse… el beso de un arma afilada… una de las muchas formas que presenta la muerte para cumplir su cometido… la más efectiva…
Estoy seguro de que la policía me encontrará… y en el juicio nada más verme, sus padres me preguntarán ¿Por qué?... Por eso les he dejado una nota con la respuesta:
-Por amor…
KAILEN
miércoles, 13 de febrero de 2008
jueves, 7 de febrero de 2008
Yo voy sonando caminos - Antonio Machado
Yo voy sonando caminos
de la tarde. Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!
Adonde el camino ira?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
- La tarde cayendo esta -.
"En el corazon tenia
la espina de una pasion;
logre arrancármela un dia;
ya no siento el corazon."
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrio,
meditando. Suena el viento
en los alamos del rio.
La tarde mas se oscurece;
y el camino se serpea
y debilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a planir:
"Aguda espina dorada,
quien te volviera a sentir
en el corazon clavada."
Sone que tu me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una manana serena.
Senti tu mano en la mia,
tu mano de companera,
tu voz de ninia en mi oido
como una campana nueva,
como una campana virgen
de una alba de primavera.
Eran tu voz y tu mano,
en sueno, tan verdaderas!...
Vive, esperanza, quien sabe
lo que se traga la tierra!
En un jardin te he sonado,
alto, Guiomar, sobre el rio,
jardin de un tiempo cerrado
con verjas de hierro frio.
Una ave insolita canta
en el almez, dulcemente,
junto al agua viva y santa,
toda sed y toda fuente.
En ese jardin, Guiomar,
el mutuo jardin que inventan
dos corazones al par,
se funden y complementan
nuestras horas. Los racimos
de un sueno - juntos estamos -
en limpia copa experimimos,
y el doble cuento olvidamos.
Uno: Mujer y varon
aunque gacela y leon,
llegan juntos a beber.
El otro: No puede ser
amor de tanta fortuna:
dos soledades en una,
ni aun de varon y mujer.
Antonio Machado
Nunca perdais contacto con el suelo;
porque solo asi tendreis una idea
aproximada de vuestra estatura.
lunes, 4 de febrero de 2008
ESCALOFRÍO - Relato de terror
31 de octubre de 1979 , día de todos difuntos. Como todos los años, Sara se dirige al cementerio para visitar la lápida de su difunta madre. Sara es una chica tímida, cuya mirada transmite dolor y sufrimiento, pero sobre todo como una especie de miedo a lo desconocido. Sara está destrozada, ya que su vida precisamente no es de color de rosa, su conflictivo padre, que era un alcohólico empedernido y la extraña enfermedad que supuso la muerte de su madre cuando aún ella era una niña, han hecho da Sara una chica solitaria y sin ninguna ilusión en la vida. Sus grandes pasiones, la lectura y la escritura, (escribía relatos apasionantes) le ayudaban a sumergirse en un mundo entre lo ficticio y lo real, lleno de una especie de magia y fantasía hipnótica pero a su vez de una profunda y oscura soledad y tristeza.
Todo esto, junto a una muñeca de trapo ( su tesoro más preciado) que le regaló su madre antes de morir, y la compañía de su gato, hacen que Sara tenga una vida más llevadera. Pasaban los días y Sara empezó a escuchar voces que procedían de algún lugar de la casa. Sara no daba crédito a lo que estaba sucediendo, esas voces le avisaban de un acontecimiento terrible. Sara estaba tremendamente asustada. Ella se encontraba sola, y las voces eran cada vez mas persistentes. Sara sólo pensaba una cosa, que todo era producto de su imaginación. La situación era insostenible, ya no podía vivir en paz. A la mañana siguiente Sara se despierta sobresaltada otra vez, una noche más sin dormir, sueños que se repiten una y otra vez y voces que persisten. Ya tanta era la curiosidad de Sara por saber qué se ocultaba en la casa que no esperó mas; y esa misma noche, noche de todos los difuntos, buscó ese lugar de donde procedían aquellas misteriosas voces. Subió sigilosamente por unas escaleras que conducían al desván y revolviendo cajas y más cajas, encontró un antiguo libro. Con bastante inquietud Sara abrió aquel libro. Su sorpresa fue aún más grande cuando observó en aquel libro, fotos de ella por todas partes. Eran fotos hechas desde su nacimiento, pero que ella nunca supo de su existencia. Conforme iba pasando las hojas, más sorprendida estaba. Las fotos que estaban viendo sus propios ojos eran fotos del pasado, pero también del presente; era como si cada momento importante de su vida estuviera reflejado en esas fotos. Sara estaba perpleja y no se explicaba cómo podían estar en ese libro fotos realizadas en ese mismo día en el cementerio. Conforme iba pasando las hojas se acercaba las últimas página del libro. Con bastante nerviosismo e inquietud, Sara se dirigió a la penúltima página. Se quedó boquiabierta al verse reflejada en una fotografía de ella misma leyendo el libro en ese mismo instante.
Sara se quedó petrificada, estaba tan asustada que no podía creer lo que sus ojos veían. El reloj empezó a sonar, anunciando las campanadas de las doce de la madrugada. De repente, en la última campanada se escucha un chasquido en el fondo del pasillo. Sara se quedó en silencio, y muy asustada observó cómo la ventana de su habitación se abría por la fuerza del viento. De repente se apagaron las luces de la casa. El viento rugía sin cesar, y una voz que procedía del pasillo decía así: “Sara, Sara” Era una voz profunda y tenebrosa, como si fuera de otro lugar. Asustada, encendió la luz y empezó a escuchar otra vez esa voz en el pasillo. Como si estuviera hipnotizada, Sara se dirigió al pasillo, y de repente otra vez la luz volvió a apagarse. Las ventanas de la casa se abrieron por la furia del viento, las puertas se abrían y cerraban continuamente, era una situación realmente escalofriante,
Sara encendió una vela y su sorpresa fue aún mayor cuando al encenderla encontró al final del pasillo a un individuo encapuchado frente a ella: ¿Quién eres? ¿Qué quieres? Dijo Sara.
De repente aquel individuo encapuchado se levanta la capucha…
¡No puede ser!
Grita Sara.
Un escalofrío recorre todo su cuerpo de arriba abajo. En un momento empieza a aparecer una niebla que se va espesando poco a poco.
¡Nooooooo!
Sara cae desvanecida al suelo.
A la mañana siguiente, la alarma saltó en el pueblo al encontrar un cuerpo hallado sin vida en las vías del tren, y junto a ella un misterioso libro, en cuyas últimas páginas había una foto de ese mismo instante y en el que ponía: “31 de octubre de 1952, día de todos los difuntos. Que descanses en paz.”
El cuerpo que encontraron las autoridades era el de Sara Kelles.
Las autoridades se quedaron petrificadas ya que que la joven hallada sin vida había desaparecido 27 años atrás, según la documentación policial.
Datos oficiales desvelaron que Sara Kelles sufrido maltratos y vejaciones por parte de su padre, el cual se suicido unos meses tras la desaparición de su hija.
Nadie se explica cómo ocurrió lo sucedido, pero todos recuerdan aquel día, día de todos los difuntos, como el más trágico de sus vidas.
domingo, 27 de enero de 2008
A RAFAEL ALBERTI - Pablo Neruda
camino
tu poesía, rosa literal, racimo biselado,
y ella hasta ahora ha sido no para mí un recuerdo,
sino luz olorosa, emanación de un mundo.
A tu tierra reseca por la crueldad trajiste
el rocío que el tiempo había olvidado,
y España despertó contigo en la cintura,
otra vez coronada de aljófar matutino.
Recordarás lo que yo traía: sueños
despedazados
por implacables ácidos, permanencias
en aguas desterradas, en silencios
de donde las raíces amargas emergían
como palos quemados en el bosque.
Cómo puedo olvidar, Rafael, aquel tiempo?
A tu país llegué como quien cae
a una luna de piedra, hallando en todas
partes
águilas del erial, secas espinas,
pero tu voz allí, marinero, esperaba
para darme la bienvenida y la fragancia
del alhelí, la miel de los frutos marinos.
Y tu poesía estaba en la mesa, desnuda.
Los pinares del Sur, las razas de la uva
dieron a tu diamante cortado sus resinas,
y al tocar tan hermosa claridad, mucha
sombra
de la que traje al mundo, se deshizo.
Arquitectura hecha en la luz, como los
pétalos,
a través de tus versos de embriagador aroma
yo vi el agua de antaño, la nieve hereditaria,
y a ti más que a ninguno debo España.
Con tus dedos toqué panal y páramo,
conocí las orillas gastadas por el pueblo
corno por un océano, y las gradas
en que la poesía fue estrellando
toda su vestidura de zafiros.
Tú sabes que no enseña sino el hermano. Y en esa
hora no sólo aquello me enseñaste,
no sólo la apagada pompa de nuestra estirpe,
sino la rectitud de tu destino,
y cuando una vez más llegó la sangre a España
defendí el patrimonio del pueblo que era mío.
Ya sabes tú, ya sabe todo el mundo estas cosas.
Yo quiero solamente estar contigo,
y hoy que te falta la mitad de la vida,
tu tierra, a la que tienes más derecho que un
árbol,
hoy que de las desdichas de la patria no sólo
el luto del que amamos, sino tu ausencia cubren
la herencia del olivo que devoran los lobos,
te quiero dar, ay!, si pudiera, hermano grande,
la estrellada alegría que tú me diste entonces.
Entre nosotros dos la poesía
se toca como piel celeste,
y contigo me gusta recoger un racimo,
este pámpano, aquella raíz de las tinieblas.
La envidia que abre puertas en los seres
no pudo abrir tu puerta ni la mía. Es hermoso
como cuando la cólera del viento
desencadena su vestido afuera
y están el pan, el vino y el fuego con nosotros
dejar que aúlle el vendedor de furia,
dejar que silbe el que pasó entre tus pies,
y levantar la copa llena de ámbar
con todo el rito de la transparencia.
Alguien quiere olvidar que tú eres el primero?
Déjalo que navegue y encontrará tu rostro.
Alguien quiere enterrarnos precipitadamente?
Está bien, pero tiene la obligación del vuelo.
Vendrán, pero quién puede sacudir la cosecha
que con la mano del otoño fue elevada
hasta teñir el mundo con el temblor del vino?
Dame esa copa, hermano, y escucha: estoy rodeado
de mi América húmeda y torrencial, a veces
pierdo el silencio, pierdo la corola nocturna,
y me rodea el odio, tal vez nada, el vacío
de un vacío, el crepúsculo
de un perro, de una rana,
y entonces siento que tanta tierra mía nos separe,
y quiero irme a tu casa en que, yo sé, me esperas,
sólo para ser buenos como sólo nosotros
podemos serlo. No debemos nada.
Y a ti sí que te deben, y es una patria: espera.
Volverás, volveremos. Quiero contigo un día
en tus riberas, ir embriagados de oro
hacia tus puertos, puertos del Sur que entonces no
alcancé.
Me mostrarás el mar donde sardinas
y aceitunas disputan las arenas,
y aquellos campos con los toros de ojos verdes
que Villalón (amigo que tampoco
me vino a ver, porque estaba enterrado)
tenía, y los toneles del jerez, catedrales
en cuyos corazones gongorinos
arde el topacio con pálido fuego.
Iremos, Rafael, adonde yace
aquel que con sus manos y las tuyas
la cintura de España sostenía.
El muerto que no pudo morir, aquel a quien tú
guardas,
porque sólo tu existencia lo defiende.
Allí está Federico, pero hay muchos que, hundidos,
enterrados,
entre las cordilleras españolas, caídos
injustamente, derramados,
perdido cereal en las montañas,
son nuestros, y nosotros estamos en su arcilla.
Tú vives porque siempre fuiste un dios milagroso.
A nadie más que a ti te buscaron, querían
devorarte los lobos, romper tu poderío.
Cada uno quería ser gusano en tu muerte.
Pues bien, se equivocaron. Es tal vez la estructura
de tu canción, intacta transparencia,
armada decisión de tu dulzura,
dureza, fortaleza, delicada,
la que salvó tu amor para la tierra.
Yo iré contigo para probar el agua
del Genil, del dominio que me diste,
a mirar en la plata que navega
las efigies dormidas que fundaron
las sílabas azules de tu canto.
Entraremos también en las herrerías: ahora
el metal de los pueblos allí espera
nacer en los cuchillos: pasaremos cantando
junto a las redes rojas que mueve el firmamento.
Cuchillos, redes, cantos borrarán los dolores.
Tu pueblo llevará con las manos quemadas
por la pólvora, como laurel de las praderas,
lo que tu amor fue desgranando en la desdicha.
Sí, de nuestros destierros nace la flor, la forma
de la patria que el pueblo reconquista con truenos,
y no es un día solo el que elabora
la miel perdida, la verdad del sueño,
sino cada raíz que se hace canto
hasta poblar el mundo con sus hojas.
Tú estás allí, no hay nada que no mueva
la luna diamantina que dejaste:
la soledad, el viento en los rincones,
todo toca tu puro territorio,
y los últimos muertos, los que caen
en la prisión, leones fusilados,
y los de las guerrillas, capitanes
del corazón, están humedeciendo
tu propia investidura cristalina,
tu propio corazón con sus raíces.
Ha pasado el tiempo desde aquellos días en que
compartimos
dolores que dejaron una herida radiante,
el caballo de la guerra que con sus herraduras
atropelló la aldea destrozando los vidrios.
Todo aquello nació bajo la pólvora,
todo aquello te aguarda para elevar la espiga,
y en ese nacimiento se envolverán de nuevo
el humo y la ternura de aquellos duros días.
Ancha es la piel de España y en ella tu acicate
vive como una espada de ilustre empuñadura,
y no hay olvido, no hay invierno que te borre,
hermano fulgurante, de los labios del pueblo.
Así te hablo, olvidando tal vez una palabra,
contestando al fin cartas que no recuerdas
y que cuando los climas del Este me cubrieron
como aroma escarlata, llegaron
hasta mi soledad.
Que tu frente dorada
encuentre en esta carta un día de otro tiempo,
y otro tiempo de un día que vendrá.
Me despido
hoy, 1948, dieciséis de diciembre,
en algún punto de América en que canto.
PABLO NERUDA
lunes, 21 de enero de 2008
Dos gotitas de aceite - Relato Breve
El joven, recorre el palacio, con su vista fija en la cucharita, hasta que pasan las dos horas, cuando se presenta nuevamente al sabio, quien le pregunta que le parecieron las maravillas del palacio, a lo que el joven le responde, que no vio nada, ya que sólo le preocupaba no derramar el aceite, a lo que el sabio le indica, que antes de hablar con él, debe observar el palacio, ya que no se puede confiar en un hombre, sin saber en el lugar donde vive, y que vuelva en otras dos horas.
Durante este tiempo, el joven se regocijó con las melodías de las mejores orquestas, probó los manjares jamás imaginados, se deleitó con cuadros y tapices exquisitos, vio jardines maravillosos, disfrutó de la vista de paisajes de ensueño, por lo que al pasar las dos horas, volvió extasiado ante el sabio, quien le preguntó por las dos gotas de aceite, que el joven había derramado sin darse cuenta, a lo que el sabio le dice ” El secreto de la felicidad, está en disfrutar de todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite de la cuchara“.

